La oposición al municipio se impuso como se preveía. Y más allá de lo ajustado del resultado, el mensaje político es claro: el ciclo de los Félix en el Sur mendocino comienza a mostrar señales de agotamiento.
Durante años, el poder local se sostuvo con una estructura aceitada, territorial y disciplinada. En esta elección no fue la excepción. Hubo cuestionamientos y denuncias en torno al uso del aparato municipal, la movilización de contratados, el despliegue logístico y la influencia de la pauta oficial en un contexto económico asfixiante para muchos medios. Todo eso formó parte del debate previo y del clima electoral.
Sin embargo, nada de eso alcanzó.
El resultado terminó reflejando algo más profundo: el hartazgo de una parte importante del electorado frente a un esquema de poder que alterna nombres, pero no conducción. Sea cual sea el intendente de turno, la percepción social es que el liderazgo real no se modifica. Y cuando la sociedad empieza a sentir que no hay renovación sino continuidad, el desgaste se vuelve inevitable.
La victoria opositora fue ajustada, pero legítima. Y marca un punto de inflexión.
Ahora bien, el triunfo también abre interrogantes. Los concejales electos no son figuras de primera línea ni dirigentes con trayectoria extensa. Muchos de ellos carecen de experiencia legislativa y deberán demostrar rápidamente capacidad política, templanza y formación para estar a la altura del momento.
Porque lo que está en juego no es solo una banca en el Concejo. Lo que comienza a perfilarse es la batalla por la intendencia en 2027.
En ese escenario, la eventual convergencia entre Cambia Mendoza y La Libertad Avanza aparece como un factor determinante. Según trascendidos políticos, el candidato ya estaría definido: un legislador en funciones que mide bien en las encuestas locales y que podría encarnar la alternativa al modelo que gobernó San Rafael durante las últimas décadas.
La pregunta ahora no es solo cómo se despide un ciclo.
La pregunta es qué propuesta concreta ofrecerá el que viene.
Porque ganar una elección es una cosa. Gobernar, es otra.