La política sanrafaelina está que arde y no precisamente por el sol de enero. Las elecciones del próximo 22 de febrero empiezan a asomar en el calendario y, lejos de traer orden, están dejando al descubierto una interna peronista que sigue más caliente que nunca. Aunque desde el PJ local intenten bajar el tono, los hechos -y sobre todo las señales- van en sentido contrario.
Semanas atrás se viralizaron los panfletos de muy mal gusto contra la candidata del PJ que responde al histórico esquema de los Félix. La reacción fue lenta pero intensa: comunicados, desmentidas y un discurso uniforme en medios afines que buscó instalar que se trataba de una operación externa, ajena a cualquier fuego amigo. Sin embargo, puertas adentro, nadie parece creerse del todo esa versión.
Como si hiciera falta más leña al fuego, empezaron a circular en redes sociales videos promocionados de la lista "San Rafael del futuro", la otra lista kirchnerista, con un eje llamativamente puesto en la megaminería. La coincidencia temporal no pasó desapercibida: los videos aparecieron justo después de que se conociera que los hermanos Félix habrían solicitado permisos de exploración minera en propiedades de su titularidad. Casualidades que, en política, rara vez son inocentes.
Los números, esta vez, no mienten ni consuelan. Las encuestas que el propio oficialismo mandó a hacer arrojaron un resultado muy por debajo de lo que esperaban, e incluso peor que el desempeño electoral de octubre de 2025. El dato cayó como un baldazo de agua fría en el felixismo: por primera vez en años, la continuidad en la intendencia aparece seriamente en duda, y el escenario se vuelve todavía más inquietante cuando se proyecta la elección de convencionales. Perder la mayoría en la Convención Municipal ya no es una hipótesis opositora, sino un riesgo real.
A ese cóctel explosivo se suma el malestar creciente de los viejos peones de Omar y Emir, que ya no disimulan su bronca. En los pasillos del peronismo local repiten una misma sentencia: los números bajos son consecuencia directa de haber querido "innovar" con candidatos sin recorrido ni militancia real. En esa bolsa meten sin vueltas a Perdiguéz e Indiveri, a quienes señalan como figuras ajenas al trabajo territorial, sin historia en el espacio y de procedencia política cuanto menos difusa. Para ese núcleo duro del felixismo, la lectura es brutalmente simple: se abandonó la estructura que garantizaba votos por apuestas personales que hoy pasan factura.
En ese contexto, ya son varios los dirigentes que comenzaron a acomodarse mentalmente en el sillón de Burgos Teherán, como si el resultado estuviera más abierto de lo que algunos quieren admitir. Las lealtades se vuelven elásticas, los discursos se recalibran y los "yo siempre estuve" empiezan a ensayarse en voz baja.
Aunque parezca que falta poco, esto recién empieza.