La tensión en Oriente Medio ha cruzado una línea roja sin retorno este domingo. La jornada comenzó con un ataque masivo lanzado por el régimen de Irán, que disparó más de 200 misiles balísticos contra territorio israelí.
La ofensiva activó las alarmas en todo el país y, pese a la eficacia de la Cúpula de Hierro, se confirmó al menos una víctima fatal y daños en infraestructura civil.
La respuesta inmediata: Tel Aviv golpea Teherán
Lejos de buscar una desescalada, la respuesta de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) no se hizo esperar. Un segundo ataque israelí impactó directamente en el centro de Teherán.
Este bombardeo estratégico buscó golpear objetivos clave en el núcleo del poder iraní, marcando una de las incursiones más audaces de Israel en suelo enemigo en los últimos años.
Los puntos críticos de esta vertiginosa sucesión de ataques:
El origen: la ofensiva iraní de 200 misiles buscaba saturar las defensas israelíes en represalia por las recientes bajas en su cúpula militar.
El contraataque: los misiles israelíes alcanzaron zonas estratégicas en la capital iraní, generando explosiones que se sintieron en edificios gubernamentales.
Estado de alerta: el espacio aéreo en gran parte de la región permanece cerrado mientras se teme una "tercera ola" de hostilidades.
Un escenario de guerra abierta
Este intercambio directo -primero la ofensiva iraní y luego la represalia israelí- rompe definitivamente con la "guerra en las sombras" que ambos países mantuvieron durante décadas. La comunidad internacional observa con alarma cómo el conflicto se desplaza de las fronteras regionales para golpear directamente las capitales de ambas potencias.
Mientras Irán justifica su ataque inicial como un acto de "defensa legítima", Israel ha dejado claro que cualquier agresión a su territorio tendrá una respuesta "desproporcionada y directa" en el origen de los lanzamientos.