Victoria Villarruel se hizo eco de una denuncia por la compra de un avión con sobreprecio mientras "los sueldos del personal militar están en el subsuelo".
La vicepresidenta Victoria Villarruel volvió a marcar diferencias con el gobierno de Javier Milei y cuestionó un nuevo escándalo vinculado al área de Defensa, en medio de la fuerte interna que atraviesa La Libertad Avanza.
Esta vez, Villarruel se hizo eco de una denuncia periodística sobre la compra de un avión para la Fuerza Aérea con presunto sobreprecio, mientras volvió a poner el foco en la situación salarial del personal militar.
La denuncia señala que en 2025 la Fuerza Aérea compró una aeronave por más de US$4 millones, cuando un avión de características similares ofrecido por otra empresa costaba alrededor de US$2,3 millones.
Según la presentación, el proceso de licitación habría estado marcado por irregularidades, plazos inusualmente cortos y condiciones que habrían favorecido a un único proveedor. Además, se advirtió que la aeronave finalmente adquirida se encontraba en mal estado.
El caso dejó bajo presión al ministro de Defensa, Carlos Presti, pero Villarruel también volvió a apuntar contra Luis Petri, quien estuvo al frente de esa cartera durante los primeros dos años de la gestión Milei.
La vicepresidenta le atribuye a Petri parte del deterioro en las condiciones laborales, salariales y de prestaciones del personal de las Fuerzas Armadas.
El nuevo cruce se suma a una relación cada vez más deteriorada entre Villarruel y el oficialismo nacional.
La vicepresidenta mantiene una fuerte disputa con Luis Petri, tanto en el plano político como judicial. Villarruel lo denunció por calumnias e injurias, mientras que el exministro de Defensa la acusó de “golpista” y de apostar por el fracaso del Gobierno.
La tensión también alcanza directamente a Milei. El Presidente llegó a calificar a Villarruel de “traidora” y “demagoga”, y aseguró que la vicepresidenta está “afuera de la gestión”.
Desde el entorno presidencial la acusan de construir un proyecto político propio de cara a 2027, mientras que Villarruel sostiene que sectores del oficialismo buscan forzar su renuncia, algo que ella rechazó de manera tajante.
El quiebre se profundizó por diferencias en el manejo del Senado y por el recorte de influencia que sufrió la vicepresidenta en áreas como Seguridad y Defensa, espacios que, según su entorno, formaban parte del acuerdo político original de la campaña de 2023.
Con su nuevo cuestionamiento, Villarruel volvió a exhibir una distancia pública con la Casa Rosada y abrió otro frente de tensión en un oficialismo golpeado por denuncias internas, disputas de poder y acusaciones cruzadas.