Analistas de la City coinciden en que sostener el umbral de los $1.500 exigía sacrificar reservas, emitir cobertura en futuros y convalidar un salto en el costo de financiamiento bancario que amenazaba la liquidez en pesos.
El tipo de cambio mayorista avanzó hasta los $1.508,50, quebrando la barrera simbólica de los $1.500 que el equipo económico venía defendiendo en las últimas semanas. La superación de este umbral representó un cambio en el accionar oficial, luego de un intenso período de intervenciones que comenzó a finales de julio, cuando se detectaron ventas de divisas y colocaciones de cobertura para evitar que la divisa superara ese valor.
Los indicios de la contención previa quedaron reflejados en los balances del Banco Central de la República Argentina (BCRA):
Uso de divisas del Tesoro: Entre el 28 y el 29 de julio, los depósitos en moneda extranjera del Tesoro cayeron de USD 3.330 millones a USD 3.185 millones (una merma de USD 145 millones), coincidiendo con la jornada de mayor presión cambiaria.
Corte de racha compradora: En esa misma fecha se interrumpió una serie de 135 ruedas consecutivas de compras netas por parte de la autoridad monetaria, en un contexto donde el tipo de cambio oficial fijaba el cierre para liquidar vencimientos de instrumentos dollar-linked.
Intervención en derivados: Además de la venta spot, el Gobierno recurrió a la oferta de futuros y títulos públicos atados a la evolución del dólar para aplacar la demanda privada de cobertura.
Para los operadores de la plaza financiera, la decisión oficial de convalidar la suba respondió a los límites operativos de sostener un ancla cambiaria rígida. Lucio Garay Méndez, economista de EcoGo, remarcó que las herramientas habituales resultaron insuficientes ante una presión persistente, provocando un estrés sobre las tasas del mercado que encareció el fondeo bancario y la liquidez general.
En sintonía, Gabriel Caamaño, director de Outlier, y otros consultores de la City destacaron que flexibilizar el techo de facto permite descomprimir la volatilidad y lograr que la tasa en pesos comience a ceder:
Compresión de tasas: La defensa estricta del valor nominal alimentaba expectativas de devaluación y forzaba un encarecimiento del dinero en pesos para retener las colocaciones locales.
Estacionalidad del segundo semestre: Con una oferta de exportaciones habitualmente menor durante la segunda mitad del año, sostener un tipo de cambio fijo habría requerido sacrificar un volumen insostenible de reservas internacionales.
Administración de liquidez: Los analistas proyectan que la estrategia oficial priorizará calibrar el equilibrio entre tasas, liquidez y acumulación de divisas para evitar distorsiones en el costo del financiamiento productivo.