Pablo García Leyenda, director comercial del grupo, confirmó que el arribo de la mediana de producción nacional generó una merma en la demanda de la compacta. Las claves de convivencia entre ambos modelos.
El desembarco de la nueva RAM Dakota en el mercado argentino provocó un reacomodamiento comercial inmediato dentro del propio catálogo de la automotriz. Pablo García Leyenda, director comercial de Stellantis Argentina, admitió oficialmente que la llegada de la pick-up mediana, impulsada además por el volumen de su producción nacional, generó una cierta merma en la demanda de la compacta Rampage debido a que varios clientes que evaluaban este último modelo optaron por dar el salto de segmento dentro de la misma firma.
De acuerdo con el directivo, la red de concesionarios oficiales experimenta de forma cotidiana ese dilema entre compradores que buscan evolucionar en tamaño o prestaciones sin abandonar la identidad de la marca norteamericana. Si bien no se difundieron porcentajes exactos de esta migración interna, desde la compañía señalaron que la Dakota funciona como un canal natural de crecimiento para usuarios fidelizados con el logo del carnero que antes no encontraban un escalón intermedio hacia las camionetas de mayor porte.
Pese al corrimiento de público, desde la cúpula de Stellantis remarcaron que el paso de una compacta a una mediana no es un proceso homogéneo ni automático. Rampage conserva un público cautivo gracias a sus dimensiones contenidas, consumos más ajustados y versatilidad como vehículo de uso dual para familias y trayectos urbanos, diferenciándose claramente de las exigencias utilitarias, de carga o de trabajo pesado que caracterizan al comprador tradicional de una camioneta del segmento mediano.
La estrategia mecánica de ambos modelos también refleja miradas industriales complementarias: mientras que Rampage priorizó en el mercado local las motorizaciones nafteras de alto rendimiento, la Dakota debutó orientada al núcleo del segmento con impulsores diésel. Esta última configuración responde de forma directa a los compromisos de exportación del proyecto fabril, que destina entre el 60% y el 70% de sus unidades hacia Brasil, plaza con una marcada preferencia por el combustible pesado.